Sabines.

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Aconteceres vitales

domingo, 7 de septiembre de 2014

CAMUFLAJE PARA EL MIEDO

Estás atrapado en la celda de cobre que tú mismo cerraste con llave de fuego eterno, con los ojos serios intentando mostrarse indiferentes, aún así; escucho tu aullido funesto, percibo que te ahogas en la tormenta de intentos, en esa misma pared cansada que te mira derramar lágrimas sobre sus hombros; te estás quemando, en esa promesa implacable de sostener las proporciones del tiempo bien amarradas a tus labios, aunque se muera la raíz de tu verdad.
Siempre que estás al borde de soltar tu sinceridad te detiene de golpe el miedo y te paraliza el pulso, igual que un niño indefenso frente a un feroz animal, retrocedes. Y las razones para continuar fingiendo se van quebrando para convertirse en un mar de grietas donde poco a poco se va terminando el concreto para caminar, las puertas cierran de golpe: decesperadas azotan el viento y se acaban todas las escapatorias, lo sabes entonces, llego el momento de arrojar tu mascara protectora y salir de onírico juego de parálisis.
Objeto que encapsulas las emociones a tu antojo: te has reducido a cenizas dipersas y olvidadas en la superficie de un cenicero polvoriento y viejo, pronto llegarás a nada. Has soportado el peso de tu falsedad en la espalda. Tú: esclavo de caprichos bañados en pasiones ensangrentadas. 
Estoy a un paso de hacerte caer: espejo mítico de emociones vírgenes alojadas al fondo del vaivén de tus temores, sigo esperando un descuido para hundirte en el hilo de dolor constante que implica vivir con los brazos abiertos al peligro.
Me horroriza tu lucha: camino de arterias estrelladas en el castigo de callar.
Abismo que se trepa en las rendijas de tu escondite, saber que afuera la brisa del tiempo te rosará la piel con amabilidad es tan necesario como saber que también de desplomará en cualquier momento.
Tú salvación termina cuando la condena empieza.             

domingo, 10 de marzo de 2013

LAS 4 ESTACIONES EN MI VIDA


PRIMAVERA
Rayo de luz chispeante que has venido a alumbrar interiores, a pasear las telas floreadas y olvidadas de mí armario, para soltar y reanudar rutinas. Creer que soy más lucida cuando acompañas mis pasos. De todas formas estuve en el mismo salón, la misma fila, la misma butaca,  concentrándome en la misma mancha de la pared, y el mismo sabor de mañana tibia en la garganta. En tu días no hay sorpresas para mi.
Me entretengo con la sombras que bailan bajo la ramas de la jardinera, con la líneas ligeras que se esfuerzan en treparse por la rendijas de las ventanas,  por un tato, después olvido todo y me quedo sabiendo que así como el jazmín perfuma un día, unas horas,  las primaveras son  la brisa momentánea, el amarillo fugaz, que aquí no deja nada.

VERANO
Vacilación frecuente  de verdades insípidas, las veo tan claras cuando la mirada de la lluvia se concentra.
El cuerpo extraña y se acostumbra, se metamorfea   y vibra, al mismo tiempo. Junio y sus tentaciones a la deriva, su viento embriagador y demoledor; que con sus gotas cenizas  avivan el color de mis latidos.
Son las horas desnudas, es aquel estar simultáneo en todas partes, es la conciencia tomándose un descanso, es deseo convertido en agua batiéndose en la piel, es la clausura del miedo, el dulce y la acidez del limón, su aspereza y suavidad albergando la misma saliva.  


OTOÑO
Casualidad o causalidad, no lo sé. Pero tus lunas acogieron mi locura, mientras yo la escuchaba  beberse deseos prohibidos. Me paré en el centro de aquel parque al fin vacío, alcance a escuchar la melodía que susurran los árboles cuando nadie los contempla, y me sentí la hoja húmeda con nombre olvidado. Como el crujido de las hojas en su trayecto al suelo; la coincidencia estallo, con o sin razón,  amaneció el día con un color distinto, la tarde fusionó el hambre y el encuentro, mis manos con sus manos emparejaron el mismo lenguaje que hablaban. Canasto frutal llevado a los labios ¿dónde te guardabas?  Paisaje evocador: conspiraste con tu cielo rojizo, me volteé resignada y ahí apareciste, para revivir los retoños de mi fe, sí se va o se queda, yo me quedo  con la voz del otoño y su encanto permanente. 


INVIERNO
El cuerpo lo siente, sabe que en algún momento, en cualquier día aparece un colapso en las entrañas, cada engaño, cada lágrima está siendo invierno. Si el mundo y sus habitantes son tan relativos, por qué el frío le dura tanto a el alma?  Andamos siempre tan definitivos, a la espera de la espera, con los nervios congelados, la vida entumida, si algún día nos creíamos capaces hoy estamos indefensos y cobardes, hoy la fuerza nos abandona, grietas por dentro y fuera,   el tiempo y sus abismos se queda un rato acompañarnos. El silencio un filo que enferma, se enrolla y se alarga, las palabras un espejo con reflejos disecados.