Sabines.

Sabines.
Aconteceres vitales

viernes, 8 de enero de 2016

Apagar las luces.


Hacerle sitio a las heridas.
Hallar el néctar del misterio. 

Romper con la suprema felicidad, y encontrarse  uno mismo en los escombros de la desmesura, del atroz complemento del amor, arrancarse las ataduras y buscarse desnudo en el infierno interior.

Allí, en la catástrofe.


Nos abandonamos ligeros a la destrucción, nos aventamos feroces a un abismo carente de fondo, retrocedemos

pero el ansia es más precisa y  nos alcanza.

En una suerte de orfandad compartimos el mismo hueco, coexistimos en este trozo de tiempo. 
Si tenemos que llegar a diluirnos en un instante del universo, ya habremos desafiado nuestras orillas obscuras, el ardor del milagro.





"Después de que nos vayamos 
quizás quede este hilo
uniendo nuestro sitios vacíos."
-R. Juarroz-

domingo, 3 de mayo de 2015

La memoria del cuerpo

A quien sugiere que la penumbra de un paso solitario y la inexorable sombra de una sola figura por la noche no es infierno:


Vestimos el mismo deseo diariamente, cálida lluvia de añoranza nos arropa
De la palabra que duerme en aquellos labios secos, de ahí se asoman pequeños trozos de ansia, triste ansia que se escurre de la piel , de la boca, de los sueños..
Andamos padeciendo la ruptura de un poema, el crujir de la carne por las noches, el desvelo de la piel que no encuentra y tampoco sabe que encontrar.
 Es siempre una inadecuada y fugaz presencia la que simula esa sensación de estar en la ardiente cima, para luego caer, caer en crudo 
sentir el golpe machucar las entrañas, sentir las ásperas manos de la vida apretar el cuello. Andar deshilachado por el aire ...


¿y cuánto tiempo es posible permanecer en la orilla de una hoja seca ?